JAGUARES, DIEZ AÑOS

Autor: EnSUMA »11:10:00 a.m. »Sin comentarios


Jaguares de Chiapas cumple diez años en La Primera División profesional. Una idea que al principio parecía imposible, pues se tenía un antecedente en los años 80 que al paso del tiempo parece más un blooper que una declaración que buscara ecos y correspondencias para el gobernador en ese momento de Chiapas: Absalón Castellanos Domínguez, que quiso contrarrestar los abucheos cuando inauguró el estadio Víctor Manuel Reyna en el partido amistoso América versus Estudiantes de Chiapas y tomó el micrófono para anunciar en el medio tiempo que habría futbol de Primera División (comprando una franquicia, la del Oaxtepec) con un equipo de nombre bastante mamón: Los Tzeltales de Chiapas. Por supuesto los abucheos se convirtieron en aplausos. El proyecto no pasó de ser una ocurrencia, un exabrupto, una mentira.

Los Jaguares de Chiapas llegan a Tuxtla Gutiérrez por las negociaciones entre otro ex gobernador: Pablo Salazar y José Antonio García, presidente del Atlante, que al principio le ofrecía a Pablo Salazar traer a jugar al Atlante como “local” tres juegos correspondientes al torneo Apertura de esos años.



Pablo Salazar, ex dueño de un equipo de Tercera División Profesional, el Estudiantes de Chiapas, y aficionado al futbol desde niño, se aferró al sueño de traer (y tener, por fin) un equipo de Primera en la entidad, y se dio a la ardua tarea de convencer a empresarios, socios, amigos, funcionarios locales, hasta juntar el dinero suficiente y convencer a José Antonio García, pero sobre todo a su socio, Alejandro Burillo Azcárraga, que le vendieran la franquicia del Veracruz, que a su vez habían comprado al Irapuato, y que antes directivos de este equipo habían comprado al Unión de Curtidores, equipo que en realidad era el que había logrado el ascenso, sin embargo nunca tuvieron el potencial económico para sostener el equipo en el llamado “máximo circuito”.

De esta extraña “triangulación” llegan los Jaguares como equipo de Primera División a Chiapas. Se le hicieron “añadidos” al estadio Víctor Manuel Reyna, manita de gato hecha por la constructora de Carlos Ahumada (novio y socio de Rosario Robles, entonces jefa de gobierno del D. F. y amigos de Salazar Mendiguchía). Se contrató entrenador y jugadores vía promotores amigos de García y Burillo, que supieron cobrar y recobrar el favor a Pablo Salazar, y que hicieron de Jaguares un equipo de gitanos, de jugadores casi retirados, viejos, que nadie contrataba o simplemente ya no jugaban. La desorganización por poco les cuesta la categoría; se perdieron muchos juegos y fue hasta la última fecha que se salvaron derrotando uno a cero a los hoy, descendidos, Tecos de la UAG, con aquel gol increíble de Gilberto Mora en un tiro libre directo.

La experiencia los hizo ir mejorando poco a poco las cosas, siempre con la visión testaruda de Pablo Salazar. Se trajeron asesores y directores deportivos con experiencia que compraron mejores jugadores y un entrenador con jerarquía: José Luis Trejo, sub campeón de la Copa Libertadores con el Cruz Azul y un goleador de época: Salvador Cabañas.

La historia, con sus luces y sombras, suman una década. Ya nada queda de chiapanecos dentro de su organización (me refiero a quienes son dueños y toman decisiones) y el equipo es un símil de Banco Azteca: la usura deportiva; invertir poco y ganar, si no en lo deportivo, sí con los convenios con el gobierno de Chiapas que incluyen beneficiarse con el ecoturismo de aventura, la construcción de ciudades rurales, el cobro de los derechos de las trasmisiones de los partidos como local, patrocinios comerciales y los contratos  que vienen de ello.

Como sabemos, el actual gobernador tiene en la cárcel a Pablo Salazar, y es imposible que esté en las celebraciones del equipo que él trajo e hizo posible  a pesar de que el futbol, en ese tiempo y ahora, sigue siendo  –en sus fondos, formas y contrastes – una sociedad de inversionistas diseñada para hacer negocios inherentes al curso de la política chiapaneca.

Pablo, el ciudadano, desde la cárcel, recordará, supongo, con nostalgia los diez años de “su” equipo.
Juan Sabines, el ciudadano, desde el poder, hará lo que siempre hace (que no sé qué sea) y caminará, con sus dos pies izquierdos, a algún lugar de Acapulco o la sala de su casa.

Qué bonita familia, decía un comediante por ahí.

Luis Daniel Pulido
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